Ley Koñimo: seguridad laboral en la salmonicultura de Los Lagos
- julio 1, 2026
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El anuncio de la Ley Koñimo marca un antes y un después para los trabajadores de la industria del salmón en la Región de Los Lagos. Análisis y
El anuncio de la Ley Koñimo marca un antes y un después para los trabajadores de la industria del salmón en la Región de Los Lagos. Análisis y
El 30 de junio de 2026, el sector salmonicultor chileno recibió una señal legislativa que pocos esperaban con tanta rapidez: el anuncio formal de la denominada Ley Koñimo, una iniciativa orientada a reforzar los estándares de seguridad para los trabajadores de la industria del salmón. Para la Región de Los Lagos, donde esta actividad emplea directamente a más de 30.000 personas entre centros de cultivo, plantas de proceso y servicios asociados, la noticia no es menor. Representa una oportunidad concreta de elevar las condiciones laborales de quienes sostienen una industria que en 2025 superó los US$ 6.000 millones en exportaciones a nivel país.
La Ley Koñimo —cuyo nombre evoca la voz mapuche-huilliche que refiere al trabajo colectivo y al cuidado mutuo— busca establecer protocolos obligatorios de seguridad específicos para las faenas acuícolas, diferenciándose de la normativa general contenida en la Ley N°16.744 sobre accidentes del trabajo. La industria del salmón presenta riesgos laborales particulares: trabajo en plataformas flotantes, manejo de redes en mar abierto, exposición a condiciones climáticas extremas en el archipiélago de Chiloé y en las aguas interiores de Puerto Montt, Calbuco y Hualaihué.
Según datos del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA), los incidentes en centros de cultivo han mostrado una tasa de accidentabilidad superior al promedio industrial nacional, particularmente en las faenas nocturnas de alimentación y en las operaciones de cosecha. La nueva ley apuntaría a estandarizar los equipos de protección personal (EPP), los protocolos de evacuación en balsas-jaula y los tiempos de descanso entre turnos en mar.
No existe forma de discutir seguridad laboral en salmonicultura sin anclar el debate en la Región de Los Lagos. Aquí se concentra aproximadamente el 60% de la biomasa salmonídea del país, distribuida entre las provincias de Llanquihue, Chiloé y Palena. Empresas como Mowi, Cermaq, AquaChile y Multiexport operan centros de cultivo en fiordos y canales que exigen a sus trabajadores condiciones de trabajo únicas, distintas a cualquier otra industria regional.
La Asociación de la Industria del Salmón de Chile A.G. (SalmonChile) ha señalado en reiteradas oportunidades que la industria ha avanzado en protocolos internos de seguridad, especialmente tras los compromisos adquiridos con certificadoras internacionales bajo estándares como el Aquaculture Stewardship Council (ASC). Sin embargo, la existencia de una ley específica —con fiscalización a cargo de la Dirección del Trabajo y coordinación con la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA)— significaría que esos protocolos dejen de ser voluntarios para convertirse en obligaciones legales exigibles.
La perspectiva desde Los Lagos obliga a mirar la iniciativa con realismo. Las oportunidades son claras:
Pero los desafíos también son reales y no deben subestimarse:
Un error frecuente en el debate público es oponer seguridad laboral y competitividad industrial como si fueran fuerzas contradictorias. En el caso de la salmonicultura de Los Lagos, la evidencia internacional apunta en sentido contrario. Noruega, el principal competidor global de Chile en salmón atlántico, opera bajo una de las normativas laborales más exigentes del mundo y lidera simultáneamente en productividad y precio FOB por tonelada.
La Ley Koñimo, si logra traducirse en una norma bien calibrada para la realidad operativa de los fiordos chilotes y los canales patagónicos, puede convertirse en un argumento adicional para que compradores europeos y norteamericanos prefieran el salmón chileno sobre alternativas de regiones con menores estándares. En un contexto donde el Reglamento de Debida Diligencia de la Unión Europea ya exige trazabilidad social y ambiental en las cadenas de suministro, llegar con una ley específica aprobada es una ventaja negociadora concreta.
Para los profesionales y técnicos de Los Lagos que trabajan en esta industria —desde los operadores de centros de cultivo en Dalcahue hasta los ingenieros de proceso en las plantas de Puerto Montt—, este debate no es abstracto. Es la definición de las condiciones en que pasarán sus próximos años laborales y del tipo de industria que heredarán las generaciones de trabajadores acuícolas que hoy se forman en las aulas regionales.
El anuncio de la Ley Koñimo llega en un momento en que la salmonicultura chilena enfrenta simultáneamente presiones sanitarias por el virus ISA, exigencias regulatorias crecientes del DS49 y la necesidad de renovar concesiones bajo nuevos criterios ambientales. Sumar una reforma laboral de fondo es ambicioso, pero necesario. Lo crucial es que la Región de Los Lagos —como principal territorio productivo del sector— tenga voz activa en el diseño de los reglamentos de implementación. Las realidades de un centro de cultivo en Quellón no son las mismas que las de una planta procesadora en Puerto Montt, y la ley debe ser suficientemente flexible para reconocer esa diversidad operativa sin perder su fuerza normativa.